Spider-Man de Tom Holland: tres películas entre la evasión, la nostalgia y la responsabilidad

Spider-Man de Tom Holland: tres películas entre la evasión, la nostalgia y la responsabilidad

Si concedemos crédito a la sugerente distinción propuesta por el catedrático de Literatura Comparada Jesús G. Maestro entre las historias que nos alejan de la realidad —lo que denomina «mundos de Tolkien»— y aquellas que nos devuelven a ella y favorecen una interpretación racional y crítica —los «mundos de Cervantes»— , puede resultarnos difícil abandonarnos sin reservas al primer tipo de ficciones.

Spider-Man consiguen atravesar nuestras defensas intelectuales

Las películas de superhéroes parecen pertenecer, como pocas manifestaciones de la cultura popular, a esos mundos de Tolkien. Presentan universos donde los conflictos políticos, psicológicos y sociales terminan resolviéndose a puñetazos; donde la tecnología y la magia carecen de límites coherentes; donde la muerte puede ser reversible, las identidades intercambiables y los trastornos mentales susceptibles de desaparecer mediante una inyección fabricada durante una pelea. Sus relatos suelen reducir la complejidad moral a una confrontación entre héroes bienintencionados y villanos resentidos, mientras la acción, los efectos digitales y el humor sirven para impedir que el espectador se detenga demasiado a pensar en las consecuencias.

Sin embargo, confieso que no puedo resistirme a Spider-Man. Hay personajes que consiguen atravesar nuestras defensas intelectuales porque forman parte de nuestra educación sentimental, y el héroe creado por Stan Lee y Steve Ditko en 1962 acompaña desde la infancia a varias generaciones. Su peso nostálgico arrastra como un agujero negro hacia esa dosis de evasión, ligereza y alegría que prometen sus películas.

Además, Spider-Man explora cómo la culpa, esa pesada emoción social, puede convertirse en un lastre o en una motivación para mejorar. Bajo la máscara no se encuentra un dios, un multimillonario o un guerrero extraterrestre, sino un muchacho que llega tarde a clase, necesita dinero, se enamora sin saber cómo expresarlo y teme decepcionar a quienes confían en él. Sus poderes son fantásticos, pero sus humillaciones resultan reconocibles.

La pregunta interesante, por tanto, no es si sus aventuras son realistas —evidentemente no lo son—, sino qué hacen con esa fantasía y qué nos dicen sobre la responsabilidad, el poder, la pérdida o la necesidad de ser aceptados.

Antes de ver Spider-Man: Brand New Day, cuarta película protagonizada por Tom Holland y estrenada el 31 de julio de 2026, decidí revisar las tres entregas anteriores. La continuidad del actor no deja de ser curiosa porque, en una entrevista concedida a GQ en 2021, afirmó que si continuaba interpretando a Spider-Man después de cumplir treinta años habría hecho algo mal. Finalmente, Holland llegó a esa edad bajo la máscara y regresó para una nueva película.

1. Spider-Man: Homecoming (2017): el adolescente que quería ser un Vengador

Después de su presentación estelar en Capitán América: Civil War (2016), el Spider-Man de Tom Holland obtuvo su primera película como protagonista. La principal decisión acertada de Homecoming consiste en evitar una nueva narración de los orígenes del personaje. Después de las versiones interpretadas por Tobey Maguire y Andrew Garfield, pocas personas necesitaban volver a contemplar la picadura de la araña, el descubrimiento de los poderes y la muerte del tío Ben.

La película comienza directamente con Peter Parker convertido en un adolescente que intenta compaginar el instituto con sus actividades como superhéroe. El resultado se aproxima por momentos a una comedia juvenil: Peter participa en un concurso académico, intenta acercarse a Liz, soporta las fanfarronadas de Flash Thompson y busca una excusa cada vez que debe desaparecer para ponerse el traje. La película entiende que el gran atractivo de Spider-Man no consiste solamente en verlo columpiarse entre edificios, sino en observar cómo esos poderes complican una vida que ya era suficientemente difícil.

Su principal ambición es ganarse la confianza de Tony Stark

Su principal ambición no es todavía salvar el mundo, sino ganarse la confianza de Tony Stark. Iron Man ocupa el lugar de una figura paterna y, al mismo tiempo, el de un referente adulto que decide cuándo Peter está preparado, qué tecnología puede utilizar y hasta dónde se le permite actuar. El traje diseñado por Stark funciona como un regalo, pero también como un mecanismo de vigilancia y control. Peter desea ser reconocido por un hombre poderoso porque todavía no ha aprendido a reconocer su propio valor.

Frente a él aparece Adrian Toomes, el Buitre, interpretado por Michael Keaton, protagonista unos años antes de Birdman. La coincidencia resulta tan evidente que parece un juego deliberado: el actor que había encarnado a un intérprete atormentado por su antiguo personaje alado se convierte ahora en otro hombre-pájaro.

Toomes es, además, uno de los antagonistas más interesantes de esta trilogía. No pretende destruir el planeta ni dominar el universo. Es un trabajador que ha sido expulsado del negocio de recuperación de los restos alienígenas por Damage Control, una organización vinculada a las mismas élites que provocaron la destrucción. Después de perder su contrato, decide apropiarse clandestinamente de esa tecnología y vender armas.

La película plantea así, aunque no llegue a desarrollarlo en profundidad, un conflicto de clase. Tony Stark pertenece al grupo de los privilegiados que pueden causar una catástrofe, enriquecerse con la reconstrucción y presentarse después como salvadores. Toomes es uno de los hombres que recogen literalmente los escombros dejados por los superhéroes. Sus métodos son criminales, pero su resentimiento no carece por completo de fundamento.

La casualidad característica de los cómics hace que el Buitre sea también el padre de Liz, la chica que le gusta a Peter. La escena en la que Toomes conduce a ambos al baile del instituto y descubre gradualmente la identidad del muchacho es probablemente el momento de mayor tensión de la película. No necesita explosiones ni criaturas digitales: basta con tres personajes dentro de un coche y una conversación llena de silencios.

Homecoming alcanza su sentido más profundo cuando Stark le retira a Peter el traje tecnológico. Hasta ese momento, el muchacho confundía sus capacidades con las herramientas que le había prestado un adulto. Cuando queda atrapado bajo los escombros y debe liberarse sin ayuda, comprende que no es Spider-Man porque posea un sofisticado uniforme, sino porque decide levantarse cuando nadie va a rescatarlo.

El desenlace confirma ese aprendizaje. Tony Stark le ofrece integrarse en los Vengadores, pero Peter lo rechaza. Al principio deseaba escapar de su vida cotidiana y convertirse en una celebridad superheroica; al final comprende que proteger su barrio también puede ser una responsabilidad digna. Es la película más equilibrada de la trilogía porque mantiene los poderes cerca del suelo y permite que la fantasía dialogue con problemas reconocibles, aunque muy superficialmente destinado a un público que no quiere calentarse la cabeza: la adolescencia, la precariedad, la búsqueda de aprobación y el resentimiento social.

2. Spider-Man: Lejos de casa (2019): el poder de fabricar imágenes

La segunda película se desarrolla después de Vengadores: Infinity War y Vengadores: Endgame. Thanos había hecho desaparecer a la mitad de los seres vivos convencido de que el universo no podía sostener su crecimiento. Podría preguntarse por qué, con unas gemas capaces de modificar la realidad, no duplicó los recursos en lugar de eliminar a billones de criaturas. Pero si los villanos eligieran las soluciones más razonables, muchas películas durarían veinte minutos.

Tras regresar a la existencia, Peter intenta recuperar cierta normalidad. Participa en un viaje escolar por Europa y prepara un plan para declararse a MJ. Quiere descansar, enamorarse y dejar temporalmente su responsabilidad en manos de otros héroes. Marvel resume precisamente la película como unas vacaciones europeas interrumpidas cuando Nick Fury le pide ayuda para investigar los ataques de unas criaturas elementales.

La muerte de Tony Stark proyecta su sombra sobre toda la historia.

La muerte de Tony Stark proyecta su sombra sobre toda la historia. Peter no solo ha perdido a un mentor, sino que se encuentra rodeado por personas que esperan que ocupe su lugar. La pregunta «¿quién será el próximo Iron Man?» revela uno de los problemas del universo cinematográfico de Marvel: incluso después de morir, el multimillonario continúa determinando el futuro mediante la tecnología, las instituciones y las personas que dependen de su legado.

La mayor muestra de irresponsabilidad aparece con EDITH, el sistema que concede acceso a satélites, redes de información, reconocimiento facial y drones armados. Stark decide dejar el control de esta infraestructura militar a Peter Parker, un adolescente sin formación para administrar semejante poder. La película presenta el gesto como una demostración de confianza, cuando en realidad debería considerarse una temeridad.

Peter tarda muy poco en ordenar accidentalmente el ataque de un dron contra uno de sus compañeros. Más adelante entrega el sistema a Quentin Beck porque le parece un adulto competente y comprensivo. En otras palabras: una red de vigilancia y destrucción global cambia de dueño a partir de impresiones personales, sin controles institucionales, protocolos de seguridad ni rendición de cuentas.

Los superhéroes funcionan como una versión extrema de los gobernantes

Los superhéroes funcionan aquí como una versión extrema de los gobernantes que pueden tomar decisiones devastadoras sin sufrir consecuencias proporcionales. La diferencia es que ni siquiera han sido elegidos. Poseen armas, información y capacidad de intervención porque alguien poderoso ha decidido que son buenas personas.

Quentin Beck, convertido en Mysterio, explota precisamente esa ausencia de controles. Es un antiguo empleado de Stark que utiliza drones y proyecciones para fingir la llegada de monstruos procedentes de otra dimensión. Su objetivo no consiste únicamente en adquirir poder, sino en fabricar una imagen heroica de sí mismo.

Lejos de casa contiene así una idea especialmente contemporánea: en una sociedad dominada por pantallas, no hace falta realizar una hazaña para ser considerado un héroe; puede bastar con producir las imágenes adecuadas. Mysterio dirige combates falsos, ensaya discursos y organiza apariciones públicas como si fuese el responsable de una campaña publicitaria. No vende una verdad, sino un relato emocional capaz de ser difundido y consumido.

Mysterio no es solamente un mentiroso, sino un fabricante profesional de realidades

La película podría haber profundizado mucho más en este asunto. Mysterio no es solamente un mentiroso, sino un fabricante profesional de realidades. En una época de vídeos manipulados, propaganda digital y personalidades construidas para las redes sociales, su poder resulta más inquietante que el de muchos villanos físicamente invencibles. Su principal arma no es el dron, sino la capacidad de decidir lo que los demás creen estar viendo.

Sin embargo, la historia termina resolviendo este problema mediante otra sucesión de persecuciones, golpes y explosiones. La reflexión sobre la manipulación audiovisual queda subordinada a la maquinaria de acción. También resulta difícil armonizar el duelo de Peter por Tony Stark con el humor constante del viaje escolar y la representación de Europa como un parque temático compuesto por monumentos reconocibles.

Es probablemente la película más irregular de las tres. Posee un antagonista conceptualmente poderoso y algunas secuencias de ilusión visual muy logradas, pero Peter vuelve a comportarse con una irresponsabilidad necesaria para que avance el argumento. La película necesita que entregue a un desconocido el control de un arsenal mundial, del mismo modo que tantas historias necesitan que un personaje tome la peor decisión posible para garantizar el siguiente espectáculo.

3. Spider-Man: No Way Home (2021): la nostalgia como espectáculo y sacrificio

La tercera película parte de las consecuencias del final anterior. Mysterio ha revelado públicamente que Peter Parker es Spider-Man y lo ha presentado como responsable de su muerte. Por primera vez, el muchacho no puede separar su identidad cotidiana de la figura heroica. Las cámaras rodean su casa, los desconocidos lo insultan por la calle y sus amigos sufren las consecuencias de estar relacionados con él.

Peter acude entonces a Doctor Strange y le pide que realice un hechizo para que el mundo olvide su identidad. La petición es desproporcionada, pero todavía más sorprendente resulta que Strange acepte modificar la memoria de millones de personas sin explicar antes las condiciones. Peter interrumpe repetidamente el encantamiento para introducir excepciones y termina provocando una ruptura entre universos.

El procedimiento funciona porque apela al paso del tiempo del espectador

El problema vuelve a originarse en la irresponsabilidad de quienes poseen poderes extraordinarios. Un adolescente formula una petición emocionalmente comprensible, pero es un hechicero adulto quien decide alterar la conciencia de toda la humanidad. En estas historias, la capacidad técnica o mágica sustituye con demasiada facilidad a la reflexión moral: si algo puede hacerse, alguien termina haciéndolo.

La fractura permite recuperar a personajes de las películas protagonizadas por Tobey Maguire y Andrew Garfield. Regresan el Doctor Octopus, el Duende Verde, Electro, el Hombre de Arena y el Lagarto, junto con las dos versiones anteriores de Spider-Man. No Way Home se convierte así en una celebración de dos décadas de cine superheroico y en una gigantesca operación nostálgica.

El procedimiento funciona porque no apela únicamente al recuerdo de las películas, sino también al paso del tiempo del espectador. Quienes vieron a Tobey Maguire siendo niños regresaron al cine convertidos en adultos. Andrew Garfield puede cerrar una herida de su propia historia al salvar a MJ de una caída semejante a la que provocó la muerte de Gwen Stacy. La escena conmueve menos por lo que sucede en ese momento que por lo que ocurrió en otra película estrenada siete años antes.

La nostalgia actúa como lenguaje compartido y producto industrial

La nostalgia actúa como un lenguaje compartido, pero también como un producto industrial. Los estudios han comprendido que recuperar personajes, frases y músicas conocidas garantiza una respuesta emocional previa a cualquier valoración crítica. El espectador no necesita que la película construya desde cero su relación con el Doctor Octopus o el Duende Verde: llega a la sala con esa relación ya elaborada.

Sin embargo, reducir No Way Home a una colección de apariciones sería injusto. La película plantea un verdadero conflicto moral cuando Peter se niega a devolver inmediatamente a los villanos a sus universos, pues algunos están destinados a morir luchando contra Spider-Man. En lugar de abandonarlos a su suerte, decide intentar curarlos.

Su compasión representa lo mejor del personaje, pero también contiene una forma de arrogancia. Peter cree que puede corregir en unas horas los problemas físicos, psicológicos y morales de personas procedentes de realidades diferentes. La película trata enfermedades, mutaciones, adicciones al poder y trastornos mentales como averías tecnológicas susceptibles de reparación mediante dispositivos portátiles.

La simplificación transmite la fantasía de que los comportamientos destructivos pueden desaparecer con una intervención instantánea

El caso de Norman Osborn resulta especialmente problemático. Su conflicto psicológico, representado de manera rudimentaria mediante dos personalidades enfrentadas, acaba resolviéndose con un antídoto. La simplificación quizá sea inevitable dentro de una aventura de superhéroes, pero transmite la fantasía de que los comportamientos destructivos pueden desaparecer con una intervención instantánea, sin procesos terapéuticos, responsabilidad personal ni consecuencias.

La tragedia llega con la muerte de la tía May. Su pérdida cumple la función que tradicionalmente correspondía al tío Ben y proporciona a este Peter Parker su aprendizaje definitivo sobre el poder y la responsabilidad. A partir de ese momento, el muchacho tiene motivos para dejarse dominar por la venganza, pero las otras versiones de Spider-Man intervienen para evitar que repita sus errores.

El sacrificio final resulta incluso más extraño y doloroso: Peter continúa existiendo, pero ya no ocupa ningún lugar en la vida de las personas a las que ama, a las que pierde en la presente película.

De aprendiz de Iron Man a verdadero Spider-Man

Las tres películas pueden entenderse como una larga historia de emancipación. En Homecoming, Peter quiere demostrar que merece convertirse en Vengador. Mientras que, en Lejos de casa, recibe la herencia tecnológica de Tony Stark y descubre que no está preparado para administrarla. En No Way Home, pierde definitivamente tanto esa protección como los vínculos personales que daban estabilidad a su existencia.

El gran problema de esta versión del personaje es que durante demasiado tiempo parece una extensión juvenil de Iron Man. Sus trajes, misiones y enemigos proceden del mundo de Stark. Incluso el Buitre y Mysterio se convierten en villanos como consecuencia de sus conflictos con el empresario. Peter tarda tres películas en dejar de ser el protegido de un multimillonario y convertirse en el héroe precario, anónimo y solitario que tradicionalmente había sido Spider-Man.

Tom Holland sostiene este recorrido gracias a una interpretación que combina agilidad física, entusiasmo adolescente y vulnerabilidad. Su Peter puede resultar irritante cuando actúa sin pensar, pero esa inmadurez forma parte del personaje. A diferencia de otros héroes que parecen haber nacido sabiendo lo que deben hacer, este se equivoca constantemente y obliga a los demás a pagar por sus errores. Su aprendizaje no consiste en adquirir nuevos poderes, sino en comprender el coste de utilizarlos.

La trilogía de Spider-Man pertenece a la fantasía evasiva

Desde la distinción entre los mundos de Tolkien y los mundos de Cervantes, la trilogía pertenece indudablemente a la fantasía evasiva: multiversos, hechizos, tecnología imposible, resurrecciones narrativas y batallas que desafían cualquier lógica material. Pero sus mejores momentos aparecen cuando esa fantasía se utiliza para iluminar una experiencia real.

Homecoming habla de la necesidad adolescente de recibir aprobación. Lejos de casa muestra cómo las imágenes pueden fabricar una realidad política y emocional. No Way Home reflexiona sobre la pérdida, la culpa y la imposibilidad de proteger a todo el mundo. Las películas fracasan cuando creen que una explosión puede sustituir a una idea, pero aciertan cuando recuerdan que debajo de la máscara hay un muchacho que desea ser querido.

De las tres, Homecoming es la más equilibrada y coherente; Lejos de casa, la más irregular y desaprovechada; y No Way Home, la más emocionante, aunque también la más dependiente de la nostalgia y del conocimiento previo del espectador.

Quizá por eso sigo regresando a Spider-Man a pesar de mis reservas hacia el cine de superhéroes. No porque sus películas expliquen adecuadamente la realidad, sino porque permiten abandonarla durante unas horas sin romper por completo el vínculo con ella. El personaje nos invita a imaginar que podríamos balancearnos sobre la ciudad, pero también nos recuerda algo menos fantástico: que madurar consiste en actuar responsablemente cuando nadie va a premiarnos, reconocernos o recordar siquiera lo que hicimos.

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  • La etiqueta que más le pega a Diego López es la de ratón de biblioteca, pues entre otras cosas, enfocó sus estudios universitarios en Biblioteconomía y Documentación. Sus inquietudes le impulsan no solo a ser un lector voraz, sino también a investigar y escribir sobre diversos temas en forma de artículos para revistas y libros. Algunas de sus más recientes publicaciones se hallan en "Street art firmado por mujeres" y "Atlas del arte urbano y del graffiti", ambos de editorial Hoaki.

Valencia en Graffitis

La etiqueta que más le pega a Diego López es la de ratón de biblioteca, pues entre otras cosas, enfocó sus estudios universitarios en Biblioteconomía y Documentación. Sus inquietudes le impulsan no solo a ser un lector voraz, sino también a investigar y escribir sobre diversos temas en forma de artículos para revistas y libros. Algunas de sus más recientes publicaciones se hallan en "Street art firmado por mujeres" y "Atlas del arte urbano y del graffiti", ambos de editorial Hoaki.

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