Los peligros del eclipse
Hace unos días, comenté con unos conocidos que había encontrado gafas homologadas para contemplar el próximo eclipse con seguridad en una farmacia por un módico precio. Las autoridades sanitarias nos están bombardeando con los problemas que puede causar el mirar el sol sin protección apropiada, se puede creer que ya no cabe ninguna duda al respecto.
Para mi sorpresa, uno de los presentes me soltó que él iba a ver el eclipse “con sus gafas de sol de siempre” y “que ya lo había hecho antes y no le había ocurrido nada”, a lo cual nadie consiguió convencer para que no se la jugase de esa manera. De ahí nace este artículo, de cómo la ciencia nos advierte de los peligros que puede causar un evento como este en nuestra seguridad.
La expectación resulta comprensible, se trata de un fenómeno único que vamos a poder ver en todo su esplendor. Un eclipse total permite contemplar cómo la luz del día disminuye en cuestión de minutos, baja ligeramente la temperatura y aparece alrededor de la Luna la corona solar, normalmente oculta por el intenso resplandor del Sol.
Sin embargo, esa fascinación también puede empujarnos a cometer imprudencias como hemos visto. El eclipse encierra dos peligros muy distintos: el daño que puede causar a nuestros ojos y los riesgos colectivos provocados por miles de personas desplazándose al mismo tiempo hacia playas, miradores y espacios naturales.
Una quemadura que no duele
El principal peligro individual consiste en mirar directamente al Sol sin la protección adecuada. La Luna puede ocultar buena parte del disco solar y producir la falsa sensación de que la luz ya no resulta dañina, pero incluso una pequeña fracción de la superficie del Sol continúa emitiendo suficiente radiación para lesionar la retina. Esto se aplica a todas las fases parciales del eclipse, tanto antes como después de la totalidad.
La retina es el tejido sensible a la luz situado en el fondo del ojo. En su zona central se encuentra la mácula, que nos permite leer, reconocer rostros y distinguir los detalles con precisión. Cuando observamos fijamente el Sol, el sistema óptico del ojo concentra su luz sobre una pequeña región de la retina. La exposición puede dañar los fotorreceptores y el epitelio pigmentario, provocando lo que se conoce como retinopatía solar.
Una de las características más traicioneras de esta lesión es que puede producirse sin dolor. La retina carece de receptores capaces de avisarnos de que está siendo quemada, de manera que una persona puede mantener la mirada creyendo que no sucede nada y descubrir el daño varias horas después.
Los síntomas pueden incluir visión borrosa, una mancha oscura o gris en el centro del campo visual, deformación de las líneas, mayor sensibilidad a la luz y alteraciones en la percepción de los colores. Algunas personas recuperan parte de la visión con el tiempo, pero otras conservan manchas, distorsiones o pérdidas visuales permanentes. Estamos hablando de daños irreversibles.
Las gafas de sol convencionales no sirven
Las gafas de sol convencionales, por oscuras que sean, no sirven. Tampoco protegen las radiografías, los negativos fotográficos, los cristales ahumados, los cedés, los deuvedés ni otros remedios caseros. Para la observación directa deben emplearse únicamente gafas específicas para eclipses, que estén en buen estado (sin ningún defecto que permita pasar la radiación, por lo que si presentan arañazos, perforaciones, dobleces o cualquier deterioro, deben desecharse ) y cumplan la norma internacional ISO 12312-2.
Las gafas tampoco pueden colocarse detrás de unos prismáticos, una cámara o un telescopio. Estos instrumentos concentran la radiación y pueden atravesar el filtro, dañar el aparato y causar una lesión ocular casi instantánea. Los dispositivos ópticos necesitan filtros solares profesionales instalados delante del objetivo. Para quienes no dispongan de material certificado, el método más seguro consiste en observar una proyección indirecta: por ejemplo, dejando que la luz atraviese un pequeño orificio practicado en una cartulina y proyectando la imagen sobre otra superficie, siempre de espaldas al Sol.
Si después del eclipse aparece una mancha central, visión deformada o cualquier pérdida de agudeza visual, conviene acudir cuanto antes a un servicio de oftalmología. El daño puede no manifestarse inmediatamente, por lo que la ausencia de dolor no debe interpretarse como una garantía de que el ojo está sano.
L’Albufera no será un mirador
Como nos advierten en los medios, el segundo gran peligro no procede del cielo, sino de la concentración de personas en lugares especialmente vulnerables. Por su horizonte abierto hacia el oeste y por la belleza de sus atardeceres, el Parc Natural de l’Albufera podría parecer uno de los mejores escenarios para contemplar el eclipse. Precisamente por eso, las autoridades han decidido impedir que se convierta en un mirador multitudinario.
El Parc Natural de l’Albufera y la Devesa permanecerán cerrados durante toda la jornada del 12 de agosto. A partir de las 18.00 también se cortará la circulación por la CV-500, salvo para residentes debidamente acreditados y vehículos de seguridad y emergencias. El dispositivo contempla, además, un control especial de El Palmar, el lago y los accesos al parque.
La medida trata de evitar que miles de vehículos colapsen una carretera que debería mantenerse libre para ambulancias, bomberos y fuerzas de seguridad. También pretende impedir que una evacuación resulte imposible si se declara un incendio en la masa forestal de la Devesa. En pleno agosto, una colilla, una barbacoa, una chispa procedente de un vehículo o cualquier conducta irresponsable puede iniciar un fuego difícil de controlar entre vegetación seca, viento y temperaturas elevadas.
Plan Territorial de Emergencias de la Comunidad Valenciana
La Generalitat ha previsto activar el Plan Territorial de Emergencias de la Comunitat Valenciana en situación 0 durante los días 10 y 11 de agosto y elevarlo a situación 2 el día 12. Para la jornada del eclipse también se ha anunciado el nivel 3 de preemergencia del Plan Especial frente al Riesgo de Incendios Forestales, correspondiente al riesgo extremo.
Permanecerán cerrados los parques naturales de las provincias de València y Castellón, además de varios espacios protegidos alicantinos, y estarán disponibles 26 medios aéreos para responder ante posibles incendios. La recomendación oficial es clara: no desplazarse a montes ni terrenos forestales y observar el fenómeno desde zonas urbanas o puntos autorizados.
En la capital, el principal punto oficial de observación estará situado en las playas de la Malva-rosa y el Cabanyal, espacios con una mayor capacidad para absorber visitantes y donde el Ayuntamiento posee experiencia en la gestión de acontecimientos multitudinarios.
Allí se desplegará un operativo cercano a los 200 efectivos, con Policía Local, Bomberos, Protección Civil, socorristas, asistencia sanitaria, drones y una embarcación de emergencias. Los servicios de playa se ampliarán hasta las 23.00 y se reforzarán las líneas de la EMT, por lo que se aconseja utilizar el transporte público y acudir con suficiente antelación.
Estas precauciones no deben entenderse como un intento de restar belleza al acontecimiento. Al contrario: pretenden evitar que una experiencia científica y colectiva termine convertida en incendios, atascos, accidentes o emergencias médicas. El mejor lugar para observar el eclipse no será necesariamente el paisaje más fotogénico, sino aquel en el que exista espacio suficiente, un horizonte despejado y medios para responder ante cualquier incidencia.
Del asombro a la astronomía
El eclipse también ofrece una oportunidad que va más allá de esos minutos de oscuridad. Para muchas personas será el primer contacto consciente con la mecánica celeste: descubrirán que un eclipse no sucede porque el Sol se apague, sino porque la Luna, mucho más pequeña pero también mucho más cercana a nosotros, pasa exactamente por delante de él.
Esa alineación puede convertirse en la puerta de entrada a preguntas sobre las fases lunares, el movimiento de los planetas, la formación de las estrellas o la inmensidad del universo.
Asociaciones dedicadas a la astronomía
València cuenta con instituciones y asociaciones capaces de prolongar esa curiosidad. La Asociación Valenciana de Astronomía organiza actividades divulgativas, observaciones y visitas a sus instalaciones. Su Centro Astronómico del Alto Turia, situado en Aras de los Olmos, permite alejarse de la contaminación lumínica urbana y contemplar el cielo mediante telescopios. La asociación anuncia periódicamente jornadas y visitas públicas para quienes deseen iniciarse sin necesidad de poseer conocimientos previos ni material propio.
En el mismo municipio se encuentra el Observatorio Astronómico de Aras de los Olmos de la Universitat de València, donde durante los meses de verano se organizan visitas nocturnas que combinan explicaciones, reconocimiento de constelaciones y observación de planetas, nebulosas y otros objetos celestes.
El Observatorio Astronómico de la Universitat de València, fundado en 1909, es además el observatorio universitario más antiguo que continúa activo en España, una institución que enlaza el eclipse actual con más de un siglo de investigación y divulgación astronómica valenciana.
La ciudad también ha preparado la exposición inmersiva Vive el eclipse desde el espacio, abierta hasta finales de agosto, que utiliza recursos interactivos, realidad virtual e inteligencia artificial para explicar la formación de los eclipses, su importancia en la historia de la ciencia y las formas seguras de contemplarlos. La muestra recupera igualmente la memoria del eclipse de 1905, cuando expediciones científicas de diferentes países se desplazaron a tierras valencianas para estudiar el fenómeno.
Quizá el verdadero valor del 12 de agosto resida en seguir mirando el cielo cuando el eclipse haya pasado y percatarse de las grandes maravillas en nuestro entorno cuando nos salimos de nuestra zona de confort.
Sin duda, el eclipse puede despertar vocaciones científicas, animar a una familia a reconocer las constelaciones, llevar a alguien a visitar un observatorio o recordar que sobre las luces de la ciudad continúa existiendo un universo inmenso.
