Los pequeños personajes de pencil.enia que habitan las paredes: arte urbano para acompañar, sorprender y sanar

Los pequeños personajes de pencil.enia que habitan las paredes: arte urbano para acompañar, sorprender y sanar

Las paredes de una ciudad nunca están completamente vacías. Aunque caminemos deprisa y apenas reparemos en ellas, pueden esconder dibujos diminutos, mensajes inesperados y personajes que parecen esperar pacientemente a que alguien los descubra. Hablamos con pencil.enia cuyo nombre artístico nació de una combinación entre su propio nombre y la herramienta con la que comenzó a dibujar: «Principalmente, es un juego de palabras con mi nombre», explica.

Sus primeras ilustraciones fueron realizadas exclusivamente con bolígrafo, aunque el apodo incluye la palabra inglesa pencil, que significa lápiz. La precisión lingüística, en este caso, quedó subordinada a la creatividad: «Un boli no es un lápiz, pero, si no lo hubiera hecho así, se habría perdido el juego de palabras».

Los “hombrecitos” como forma de comprender el mundo

Durante su infancia y juventud, Pencil.enia dibujaba unas figuras a las que todavía hoy llama cariñosamente sus “hombrecitos”. No se trataba solamente de una forma de entretenimiento. También los utilizaba como recurso para comprender y recordar aquello que aprendía.

«Hasta cierta edad dibujaba estos “hombrecitos” y los usaba como un medio para aprender cosas en la escuela, como las lecciones de historia», recuerda. Aquellos personajes funcionaban como un lenguaje visual privado, una manera de traducir conceptos, acontecimientos y palabras a imágenes más próximas y fáciles de retener.

Sin embargo, con el paso del tiempo, esa vertiente creativa quedó abandonada. La artista dejó de dibujar durante años, hasta el punto de que aquella parte de sí misma pareció quedar relegada al olvido. «Paré este lado artístico durante muchos años, casi olvidándome de él», reconoce.

El regreso al dibujo no fue el resultado de una decisión planificada ni de una estrategia artística. Se produjo de forma espontánea, impulsado por una necesidad personal. Los antiguos personajes reaparecieron y comenzaron a mezclarse con objetos, conceptos y palabras. Poco a poco, aquel universo visual de la infancia adquirió un nuevo sentido.

«Me salió natural, casi por necesidad, volver a dibujar, mezclando estos hombrecitos con objetos y, algunas veces, con conceptos y palabras», relata.

Dibujar frente al dolor y el estrés

Detrás de esa recuperación creativa se encontraban dos experiencias difíciles. Durante un largo periodo, Pencil.enia sufrió migrañas diarias. Dibujar no eliminaba el dolor, pero le proporcionaba una actividad en la que concentrarse y una forma de sobrellevar el malestar.

«Durante mucho tiempo sufrí migraña diaria —ahora estoy mejor— y dibujar me ayudó a manejar el malestar. No fue lo único, pero sí una de las primeras cosas que me ayudaron», explica.

pencil.enia

A ello se sumó una etapa de fuerte estrés en la que le resultaba complicado expresar lo que sentía y pensaba. El dibujo se convirtió entonces en refugio, distracción y vía de exteriorización. Sus composiciones, generalmente pequeñas y llenas de detalles, exigían una concentración que le permitía apartarse temporalmente de aquello que la angustiaba.

«Estaba pasando una temporada de mucho estrés y malestar, y no encontraba una forma de sacar lo que sentía y pensaba. Sumergirme en este mundo y dibujar cosas muy pequeñas, con más o menos detalles, me ayudó mucho a distraerme y, al mismo tiempo, a sacar cosas de dentro».

Su inspiración, por tanto, no procede de una única tradición artística ni de un repertorio cerrado de referentes. Nace de la experiencia cotidiana: aquello que observa, siente, vive o lee. Dibujar le permite exteriorizar esas impresiones, pero también conservarlas.

«Mi inspiración viene de la vida: de lo que veo, lo que siento, lo que experimento, lo que leo y cosas así. Dibujar es una forma de sacar cosas y de recordármelas».

En sus imágenes, los pequeños personajes pueden aparecer integrados en objetos, dialogando con palabras o protagonizando escenas que condensan una emoción o una idea. Su reducido tamaño obliga al espectador a acercarse y mirar con atención. Frente a las intervenciones monumentales que transforman fachadas enteras, sus piezas reclaman una observación íntima, casi secreta.

Pencil.enia deja un mensaje para quien lo necesite

Cuando lleva sus trabajos a la calle mediante pegatinas o paste-ups, la artista no busca únicamente ocupar un espacio urbano. Su propósito es establecer un contacto inesperado con las personas que pasan junto a sus obras.

«Lo hago con la esperanza de alegrarle el día a alguien o de que, quizás, llegue el mensaje justo a la persona que lo necesite», afirma.

Una pequeña figura descubierta en una esquina puede convertirse así en una interrupción amable dentro de una jornada difícil. Un mensaje colocado en el lugar adecuado puede acompañar durante unos instantes a una persona desconocida. La artista no sabe quién encontrará cada pieza ni qué interpretación hará de ella. Precisamente en esa incertidumbre reside parte de la magia del arte urbano.

dibujo pencil.enia

Cada intervención es, en consecuencia, un pequeño acto de valentía: no solo por ocupar un espacio público, sino por aceptar que su trabajo puede ser visto, interpretado y juzgado por los demás.

Una práctica que avanza sin prisas

Por el momento, las principales técnicas de Pencil.enia en el espacio urbano son los stickers y el paste-up, procedimiento que consiste en adherir sobre las paredes dibujos o imágenes previamente realizados en papel. «En la calle no utilizo otras técnicas. Tengo algunas cosas pensadas, pero, por lo que decía antes, voy muy despacio», señala.

Fuera del espacio urbano también ha comenzado a experimentar con el linograbado, una técnica de impresión en la que se talla una imagen sobre una plancha de linóleo. De momento, se considera todavía principiante: «Practico un poco de linograbado, pero estoy empezando».

Este ritmo pausado no parece una limitación, sino una forma consciente de construir su lenguaje. Cada nuevo material, cada personaje y cada intervención representan un paso en una trayectoria que no necesita acelerarse para resultar significativa.

La acogida de la comunidad artística valenciana

En esta exploración, València ha desempeñado un papel fundamental. La ciudad no es únicamente el escenario físico de sus intervenciones, sino también el lugar donde ha encontrado una comunidad artística dispuesta a acompañarla.

«València me trata muy bien. Hay una comunidad muy bonita», asegura. Los artistas urbanos que ha ido conociendo la han recibido con cercanía, compartiendo conocimientos y haciéndola partícipe de actividades y experiencias relacionadas con la calle.

«Los artistas que he conocido me han acogido de una manera muy amable. Me han enseñado, incluido y apoyado un montón de veces», afirma.

Aunque agradece el trato recibido por toda la comunidad, recuerda especialmente a algunos de los primeros artistas que le ofrecieron ayuda y orientación: The Photographer, Martilazzaph, Bikedesuro y Ficusdemetrio. «Todos han sido muy majos, pero ellos fueron de los primeros que me enseñaron cosas», explica.

Sus palabras revelan uno de los aspectos menos visibles del arte urbano: detrás de las obras que aparecen en muros, persianas y señales existe una red de relaciones, aprendizajes y apoyos. Frente a la imagen del artista que trabaja de manera completamente aislada, la calle también puede convertirse en un espacio de colaboración y pertenencia.

Aprender a mirar las paredes

Pencil.enia concluye con una invitación sencilla: levantar la vista y observar con mayor atención aquello que nos rodea. La ciudad posee un lenguaje paralelo que muchas veces pasa inadvertido entre las prisas cotidianas.

arte pencil.enia

«Me gustaría recordarles a los lectores que miren las paredes, porque siempre son una sorpresa. Tienen algo que decir y enseñar; te hacen compañía y te entretienen», señala.

Mirar una pared deja entonces de ser un gesto insignificante. Supone prestar atención a las pequeñas huellas que otras personas han decidido compartir: dibujos, mensajes, símbolos y personajes que modifican temporalmente el paisaje urbano.

También anima a quienes sienten curiosidad por el arte callejero a atreverse a participar. No es necesario comenzar con una gran obra ni dominar todas las técnicas. Basta con crear algo y permitir que abandone el ámbito privado para encontrarse con la ciudad.

«Si en algún momento a alguien le apetece probar, descubrirá el mundo mágico de la calle y de sus habitantes, los artistas. Además, podrá dejar pequeños regalos a la ciudad y a las personas».

Eso son, en última instancia, sus diminutos personajes: regalos anónimos colocados en las paredes. Fragmentos de una experiencia personal que, al salir a la calle, pueden convertirse en compañía para alguien que no conoce. Pequeñas figuras nacidas como una forma de aprender, recuperadas para afrontar el dolor y el estrés, y finalmente liberadas en la ciudad con la esperanza de provocar una sonrisa o transmitir el mensaje adecuado en el momento preciso.

Autor

  • La etiqueta que más le pega a Diego López es la de ratón de biblioteca, pues entre otras cosas, enfocó sus estudios universitarios en Biblioteconomía y Documentación. Sus inquietudes le impulsan no solo a ser un lector voraz, sino también a investigar y escribir sobre diversos temas en forma de artículos para revistas y libros. Algunas de sus más recientes publicaciones se hallan en "Street art firmado por mujeres" y "Atlas del arte urbano y del graffiti", ambos de editorial Hoaki.

Valencia en Graffitis

La etiqueta que más le pega a Diego López es la de ratón de biblioteca, pues entre otras cosas, enfocó sus estudios universitarios en Biblioteconomía y Documentación. Sus inquietudes le impulsan no solo a ser un lector voraz, sino también a investigar y escribir sobre diversos temas en forma de artículos para revistas y libros. Algunas de sus más recientes publicaciones se hallan en "Street art firmado por mujeres" y "Atlas del arte urbano y del graffiti", ambos de editorial Hoaki.

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