I.am.ecila: cuando el arte urbano nace de una madre, una hija y un corazón que no quiere soltarse
Hay artistas que llegan al arte urbano desde la reivindicación, otros desde la experimentación estética y algunos, como i.am.ecila, desde un gesto tan sencillo como querer arrancar una sonrisa a los desconocidos. Detrás de este nombre se encuentra Alice, una artista de la Suiza italiana con raíces valencianas que ha convertido las calles en un espacio donde compartir mensajes de optimismo, afecto y esperanza junto a su hija Mia.
Su identidad artística ya refleja esa unión familiar. «Nuestro nombre artístico es i.am.ecila. Nació de la unión de nuestros dos nombres: i.am está formado con las letras del nombre de mi hija, mientras que ecila es simplemente mi nombre, Alice, escrito al revés». Un nombre que resume una filosofía creativa basada en el vínculo entre madre e hija y que se ha convertido en su firma sobre stickers e intervenciones urbanas.
Aunque muchas personas la identifican con Italia por su idioma, Alice aclara un detalle importante sobre sus orígenes: «No, no vengo de Italia. Hablo italiano, pero soy de la Suiza italiana».
I.am.ecila y su vínculo con Valencia
Su relación con Valencia también tiene una historia profundamente personal. Durante buena parte de su vida desconoció a su padre, valenciano del barrio de El Grau. «Mi padre es valenciano, del barrio de El Grau. Lo conocí cuando tenía 14 años y fue hace solo once años cuando vine a Valencia por primera vez. Desde ese momento me enamoré de vuestra maravillosa ciudad».
Aquella primera visita cambió muchas cosas. No solo descubrió una ciudad con la que mantenía un vínculo familiar, sino también una forma diferente de entender el espacio público. «Lo que más me impresionó fue la amabilidad y la cercanía de la gente. Desde los primeros días conocí a personas maravillosas y me sentí muy bien acogida».
Pero hubo otro descubrimiento decisivo: el arte urbano valenciano. Frente a la realidad mucho más regulada de su país de origen, encontró un ecosistema creativo espontáneo que la cautivó desde el primer momento.
«Aquí descubrí una auténtica cultura de street art, hecha de pequeñas intervenciones espontáneas que dialogan con la ciudad. Es algo que me encanta, porque de donde yo vengo esa libertad no existe: no se pueden pegar stickers ni dejar pequeños mensajes en el espacio público. Las obras que hay son, casi siempre, proyectos oficiales promovidos por las ciudades».
Hija y madre compartiendo Street Art
Esa libertad fue el detonante para empezar a intervenir en las calles. Y lo hizo de la manera más natural posible: junto a su hija Mia.
«Empecé a intervenir en la calle precisamente con ella, cuando todavía era muy pequeña. Queríamos regalar una sonrisa a quien pasara por allí, con pequeños mensajes positivos y un enfoque alegre y cercano».
De esa experiencia compartida nació el personaje que hoy identifica su obra: una figura infantil creada a partir de un dibujo de Mia y desarrollada posteriormente por Alice.
«Así nació nuestro personaje: un muñeco dibujado por mi hija y reinterpretado por mí con un estilo inspirado en Banksy».
La referencia al artista británico aparece inevitablemente, aunque Alice ha construido un mensaje propio. Si en una de las imágenes más conocidas de Banksy una niña deja escapar un globo en forma de corazón, en las creaciones de i.am.ecila sucede justamente lo contrario.
«A diferencia de la famosa niña que deja escapar el globo, nuestro personaje lo sostiene con fuerza. Para nosotras, ese corazón representa todo aquello que merece la pena conservar: el cariño, la familia, la amabilidad, el respeto y todas las emociones bonitas de la vida».
Ese corazón se ha convertido en el verdadero símbolo de su trabajo. Más que una simple imagen, representa una declaración de intenciones: conservar aquello que nos hace mejores como personas frente a una sociedad cada vez más acelerada.
Su inspiración, explica, no responde a un único referente artístico, sino a todo aquello que transmite emociones positivas.
«La inspiración nace simplemente de las cosas bonitas. Me gusta el arte en todas sus formas y no tengo un único artista de referencia. Es cierto que Banksy fue una de mis primeras influencias… Creo que todo aquello que es capaz de transmitir emociones positivas merece ser admirado y respetado».
Sin embargo, Valencia volvió a sorprenderla con otro pequeño misterio. Paseando por distintos barrios comenzó a encontrar repetidamente un diminuto personaje urbano cuya autoría continúa desconociendo.
«Cuando llegué a Valencia me llamó muchísimo la atención un pequeño personaje que aparecía repetido por muchos rincones de la ciudad. Me encantaba encontrarlo en distintos barrios y, todavía hoy, no sé quién es su autor. Incluso se lo pregunté a varias personas de aquí, pero nadie supo decirme quién era. Ese pequeño misterio hizo que Valencia fuera todavía más especial para mí».
Ese tipo de hallazgos fortuitos son precisamente los que alimentan la magia del arte urbano: obras anónimas que aparecen inesperadamente y establecen un diálogo silencioso con quienes recorren la ciudad.
Un alumno promotor del street art
Alice también reconoce que hubo una persona decisiva para dar el paso definitivo hacia la creación artística. Curiosamente, no fue un artista famoso, sino alguien mucho más cercano.
«Si hoy me he acercado al street art, también ha sido gracias a un antiguo alumno mío. Siempre pensé que llegaría a ser artista y, de alguna manera, fue él quien me dio el impulso para empezar este camino».
La historia de i.am.ecila demuestra que el arte urbano no siempre nace de la denuncia o la provocación. A veces surge de la necesidad de compartir afecto, de fortalecer los lazos familiares y de recordar, mediante un sencillo corazón sostenido con fuerza, que hay valores que merece la pena conservar.
Sus pequeñas intervenciones convierten las calles en un espacio de encuentro donde un dibujo infantil, reinterpretado por una madre, invita a detenerse unos segundos y recordar que la amabilidad, el cariño y la esperanza también pueden formar parte del paisaje urbano.
